Hablemos de El Primer Hombre en la Luna

Todos, absolutamente todos hemos sentido alguna pérdida y el dolor melancólico que este genera, resulta fascinante que estos factores fueran utilizados como motores por el director Damien Chazelle (La La Land) en su más reciente película El Primer Hombre en la Luna, la historia de cómo Neil Armstrong logró la hazaña que ya conocemos.

First Man -por su nombre en inglés- es una proeza en técnica ya que desde los primeros minutos Chazelle nos presenta la forma vertiginosa en que nos contará el relato. Filmada en 16 mm, dando la sensación de estar viendo un filme de antaño o un documental, o utilizando cámaras IMAX para presentar la inmensidad del espacio, incluso tomas clautrofóbicas que nos meten de lleno en los zapatos de Armstrong, la cinta aprovecha estas características para los momentos de “acción” pero también existe la cámara en mano para los instantes más íntimos y que -ironicamente- son los más intensos.

Intensos debido a que constantemente estamos expuestos a pérdida y dolor, como mencionaba al principio. El trabajo del guionista Josh Singer (SpotlightThe Post) es increíble al plasmar estas emociones humanas, tal vez el punto más débil de este apartado sea la velocidad con la que pasan las cosas, uno esperaría que por la naturaleza de la historia fuera un poco más ágil.

Ryan Gosling sigue demostrando que es uno de los mejores histriones de su generación con su Neil Armstrong que con muy pocas palabras y una mirada expresiva dice más de lo que podríamos esperar. El duelo de actuación que tiene con Claire Foy (quien interpreta a su esposa Janet) es digno de estudio para todo aquel que quiera ser actor, ella lleva una contraparte tan importante y refleja que la señora Armstrong sacrificó lo mismo o más que su marido para esta misión. Nominación al Óscar para los dos, se los puedo firmar ahorita.

Me llevé una pequeña decepción al ver que la película no plasmó en sí el trabajo de cientos de personas para que el Apollo 11 lograra su objetivo, si bien si es una oda a la voluntad y persistencia del hombre, Neil Armstrong fue sólo un engrane -un brilliante ingeniero, claro- de toda una titánica maquinaria. Pero los pasajes y elementos que se muestran son decorosos y ayudan a dar un panorama claro, especialmente la interpretación de Corey Stoll que logra plasmar la famosa arrogancia de Buzz Aldreen.

La música de Justin Hurwitz (en su cuarta colaboración con Chazelle)  es emotiva y digna de una historia del “espacio”, enmarca de una manera muy bonito lo que se está viendo en pantalla, especialmente en la secuencia final.

En conclusión, Damien Chazelle deja claro que a sus 33 años de edad puede conmovernos y ponernos a pensar mientras que al mismo tiempo nos entretiene. El Primer Hombre en la Luna es un ensayo de cómo a veces el dolor es necesario para hacernos llegar a lugares fuera de este mundo, literalmente. Por eso le pongo a esta peli 4 lentecitos de 5.

¿Tú ya la viste? Cuéntame qué te pareció.

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