Star Wars: El Ascenso de Skywalker: Chale

Chale, chale, chale. Es lo primero que se me ocurre decir después de procesar el episodio IX de la saga galáctica creada por George Lucas hace más de 40 años. ¿Por qué digo esto? Es una oda a la condescendencia, pues.

“No tengas miedo de ser quién eres” le susurra Leia a Rey en algún punto de la historia. Resulta casi irónico que esta frase quedó relegada al momento de hacer esta película. Pareciera que los ejecutivos se metieron a foros de Star Wars y tomaron fragmentos de historias creadas por fans y lo filmaron (y no me malinterpreten, si hay alguien que es fanático de esta franquicia soy yo).

J.J. Abrams inició en 2015 de manera entusiasta, sobresaliente y nostálgica esta nueva trilogía con El Despertar de la Fuerza. Luego, en 2017 Rian Johnson literalmente vino a revolucionar la saga con una visión honesta, propositiva e incluso metafórica con Los Últimos Jedi. Creando división entre crítica y fanáticos, algunos de estos últimos incluso exigían que el episodio VIII no fuera canónico pareciendo ser que puso a temblar Disney.

Para esta última entrega J.J. Abrams regresó a la silla de director, pero se siente que lo hizo por encargo. Con el afán de responder todas las preguntas planteadas en las películas pasadas y además de complacer a los fanáticos mas acérrimos (¡ok, boomers!), El Ascenso de Skywalker es todo y nada. Pasan muchísimas cosas y si bien tiene momentos que dejan con la boca abierta, considero que ninguno tan memorable como una batalla con un lightsaber doble, o como un “I love you. I know”, y ni qué decir de “I’m your father”; sí hay duelos, blasters y la fuerza pero nada realmente trascendental.

El Ascenso de Skywalker tiene miedo de ser Star Wars, busca de manera desesperada regresar a aventuras pasadas (cof, cof, Palpatine) y minimizar las nuevas (hay esbozos de esto cono los nuevos personajes). Se va por la vía fácil al introducir nostalgia en los momentos más inverosímiles de la trama, porque en el momento en qué piensas “¿qué demonios?” sale una referencia o cameo que sí, honestamente, me hizo sacar las lágrimas.

¿Lo mejor del episodio IX? Sin duda alguna, John Williams, el único elemento (además de Sir Anthony Daniels) presente en los nueve filmes, su score toma el alma reiterativa de este episodio pero ofrece algo novedoso y con timing perfecto. Se da el lujo de deconstruir sus piezas y las vuelve poderosas. ¡Bravo, John Williams!

En conclusión, Star Wars: El Ascenso de Skywalker no es el final que todos estábamos buscando, cumple al momento de explorar su pasado y nostalgia a tal grado de ser algo bonito pero fracasa estrepitosamente como material fílmico al hacer alabanzas a la condescendencia. Por eso, y muy a mi pesar 😔, le pongo a esta peli 2.5 lentecitos de 5.

¿Tú ya la viste? Cuéntame qué te pareció.

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