1917: No es el qué sino el cómo

Honestamente, 1917 no es una gran historia pero es un triunfo en todos los sentidos a nivel cinematográfico. Cuando salí de la sala, lo hice fascinado y agradecido de poder verla en la pantalla grande.

Inspirada principalmente por las historias que le contaba su abuelo al director San Mendes, 1917 es un documento fílmico que acerca a las nuevas generaciones a los horrores de la Primera Guerra Mundial, es el relato de cómo un par de soldados son encomendados con la misión de llevar un mensaje importante que evitará el deceso de 1600 de sus compañeros, pero para esto tendrán que cruzar el territorio enemigo.

La película está contada como si fuera un enorme plano secuencia, ahí el mayor de sus triunfos por la complejidad de las tomas y escenas (porque, obviamente hay explosiones, disparos… la guerra, pues). Y está decisión hace que el proyecto esté siendo tan laureado en esta temporada de premios. La técnica te hace sentir la claustrofobia de las trincheras, el terror de estar en combate pero sobre todas las cosas: te hace un partícipe más de la acción, tú o más bien nosotros somos el tercer soldado que está acompañado a estos valientes jóvenes.

No imagino el impacto que tiene el filme sin este recurso. Richard Deakins ya tiene el Óscar asegurado a Mejor Fotografía.

Por supuesto la proeza de orquestar todo lo que se ve en pantalla no es cosa menos, Sam Mendes ya nos había mostrado su afición a los planos secuencias complejas en sus dos películas de James Bond, el caso es que ahora lo lleva al siguiente nivel con su proyecto más íntimo, más grande, su obra maestra.

El score de Thomas Newman es envolvente, con la mezcla de cuerdas y percusiones nos hace estar al filo de la butaca y soltar una que otra lágrima en varias ocasiones.

Pero el pie del que cojea la película es, tal vez, la historia en sí misma. Otras películas bélicas han mostrado mejor trama y con recursos menos rimbombantes. No es mala onda, la simpleza del relato se agradece pero el guion pone toda la carne al asador en lo técnico y no en lo argumental, pero ojo no por eso es menos arte.

En conclusión Sam Mendes decidió sacrificar el desarrollo de personajes en aras de una experiencia intimista que hace que el espectador se ve sumergido en un de los periodos más dolorosos de la historia de la humanidad. Es una salvajada, una proeza, un triunfo pero no, no es la mejor película del año. Por eso a este filme le pongo 4 lentecitos de 5.

¿Tú ya la viste? Cuéntame qué te pareció.

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